Qué es el acné
En el acné coinciden cuatro procesos. La glándula sebácea produce más grasa, y las células que recubren el poro no se desprenden bien y lo taponan. Dentro del folículo prolifera Cutibacterium acnes, una bacteria habitual de la piel, y todo ello ocurre sobre un fondo inflamatorio que hoy sabemos que suele estar presente antes de que la lesión se vea.
La lesión que define el acné es el comedón (el punto negro o el punto blanco). A partir de él aparecen las lesiones inflamatorias: pápulas (granos rojos sin pus), pústulas (granos con pus) y, en los cuadros más intensos, nódulos y quistes (bultos profundos y dolorosos), que son los que con más frecuencia dejan cicatriz.
El grano ocasional no tiene ese fondo. Es una lesión aislada, sin comedones alrededor, que puede salir por un roce, por un producto demasiado graso o por un cambio hormonal puntual, y que normalmente se resuelve sola en pocos días.
El acné de la mujer adulta tiene un comportamiento propio. Suele concentrarse en la mandíbula, el mentón y el cuello, empeora alrededor de la regla y convive muchas veces con una piel sensible o seca que tolera mal los productos pensados para un adolescente. Por este motivo no lo tratamos igual, aunque el mecanismo de fondo sea común.
Consulta al dermatólogo
Con qué se confunde
Con la rosácea, una enfermedad inflamatoria de la cara que también da pápulas y pústulas, aunque sobre una rojez de fondo y sin comedones.
Con la foliculitis (la inflamación del folículo del pelo), que da pústulas centradas en un pelo, a menudo en el pecho, la espalda o la zona de la barba. La causada por una levadura de la piel, Malassezia, suele picar, y los productos del acné no la mejoran.
Con la dermatitis perioral, un brote de pequeñas pápulas alrededor de la boca que respeta el borde del labio. La vemos con frecuencia en personas que se han aplicado antes en la cara una crema con corticoides (antiinflamatorios derivados de la cortisona), y empeora si se trata como un acné.
Con el acné cosmético y el mecánico. El primero lo provocan productos demasiado oclusivos (que forman una película que tapa el poro); el segundo, el roce repetido de cascos, mascarillas o tirantes.