Por qué la piel reacciona así
En la práctica distinguimos tres situaciones. En la primera, la piel queda intacta, como tras un tratamiento inyectable, la luz pulsada (destellos de luz intensa), la radiofrecuencia sin agujas (calor aplicado con ondas de radio) o un peeling muy superficial (una exfoliación química suave), y aparecen rojez, hinchazón o sensibilidad. La barrera cutánea (la capa que retiene el agua y frena a los irritantes) sigue funcionando, y lo indicado es no alterarla.
En la segunda, la piel se abre, como con el láser fraccionado (que trata columnas microscópicas de piel), las microagujas (agujas muy finas que perforan la piel) o los peelings medios y profundos. Hay entonces una herida real, aunque sea microscópica y no lo parezca. En esa fase manda la cura, y vigilamos sobre todo dos riesgos: la infección y la mancha.
La tercera situación es la de una cirugía o una biopsia (la toma de una muestra de piel para analizarla). La pauta, en ese caso, es quirúrgica y la da quien ha operado, de modo que las recomendaciones de esta página no se aplican.
Consulta al dermatólogo
Con qué se confunde
Con la piel sensible. La sensibilidad que sigue a un tratamiento es esperable y pasajera, y suele ir a menos cada día, mientras que la piel sensible es un estado que se mantiene en el tiempo y tiene su propia página.
Con una reacción adversa. La rojez, la hinchazón, el calor y las costras finas forman parte de la evolución normal. Sin embargo, el dolor que aumenta en lugar de disminuir, la supuración, la fiebre, las ampollas o una zona que se vuelve blanca o violácea no lo son, y debemos valorarlos sin esperar.
Con un brote de herpes, que algunos láseres y peelings pueden desencadenar en quien ya ha tenido herpes labial. Por este motivo, en algunos casos, el médico pauta un tratamiento preventivo antes del procedimiento.
Con la hiperpigmentación posinflamatoria (la mancha oscura que deja una inflamación), que es una de las complicaciones más frecuentes de los tratamientos con láser y luz, sobre todo en las pieles morenas. Es previsible y, en buena medida, podemos prevenirla con los cuidados de los días siguientes.